viernes, 7 de noviembre de 2014

DESCUBIERTOS, TOCADOS Y HUNDIDOS

Así se encuentra ese barco que llaman PP: descubierto, tocado y hundido. Ese conglomerado de la verdadera y única casta nacional está a punto de hacer aguas gracias a las tantas y tantas vías que ellos mismos han ido abriendo en el falso e hipócrita casco que les hacía flotar.

Después de muchos años, han sido descubiertos en cuáles fueron y son sus verdaderos intereses en este maltrecho, por ellos, País llamado España. Solo ellos fueron y son los que siempre vivieron por encima de sus posibilidades y a costa, siempre, de las nuestras. Nos han hundido los Ayuntamientos; las Diputaciones; las Comunidades Autónomas el Estado; el País; la Nación entera. Hasta nuestro prestigio internacional han echado por tierra.

Han demostrado lo que siempre fueron: las sanguijuelas insaciables del españolito de a píe. Jamás, ese españolito de toros, procesiones, romerías y fútbol, fue de su interés, ni esa España de la que tanto se les llenaba la boca. Tan solo fuimos y somos aún el instrumento a través del cual ejercían el saqueo contra todos nosotros y contra el suelo que nos da cobijo. Tan solo ellos, sus familiares y amiguetes fueron siempre los únicos beneficiados de nuestra ruina como personas y ciudadanos.

Su propia usura y codicia, insaciables ambas, se han convertido en sus propios verdugos. La mentira, su desfachatez y prepotencia los arietes con los nos golpeaban una y otra vez con la intención, la malvada intención, de crear toda la confusión posible que les hiciera parecer lo que nunca fueron y arrebatar, cual trileros, la voluntad real de nuestra decisión y condición.

Ellos representan todo lo viejo de la Historia que tanto benefició a sus ascendientes y a ellos mismos. Nunca ejercieron el gobierno con la finalidad del bien general de los españoles y de España. Lo ejercieron, y otras veces lo usurparon, con la única y sola intención de hacerse más poderosos y más ricos. Siempre nos despreciaron en la oscuridad de sus conciliábulos donde urdían todas sus insidias hacia nosotros, el pueblo.

Han sido, por fin, descubiertos en todos sus latrocinios. Están a punto de hundirse y para ello necesitan un último agujero en su infame casco: Que nadie les vote, que nadie del pueblo les crea ya, que nadie les confié más su soberanía.

Solo cuando sean hundidos, este País, esta Nación podrá respirar y ver un amanecer nítido y claro. La purificación y la liberación de nuestro verdadero sentir, de quijotes y sanchos; de escritores y pintores; de científicos e investigadores; de filósofos y pensadores; de atletas; de innovadores e inventores; de artistas y de músicos; de aventureros y de eruditos, podrán salir a la superficie y otra forma de convivencia y de desarrollo de nuestras potencialidades verán la luz que nos han negado durante tantos y tantos siglos.

Hundir esa vieja nave ha de convertirse en una clave nacional. Es el lastre que nos ha mantenido ignorantes y silentes, varados a un muelle del que nada, ni nadie, era capaz de partir, anclados para ser sus sirvientes y lacayos. Con ellos jamás hicimos avance alguno, nos volvían a anclar a ese muelle que tanto les agrada. Sin ellos, y lo que siempre representaron y  representan, tendremos futuro para nuestros hijos y esta Nación se hará grande y dejaremos los complejos y los prejuicios que nos inocularon para adormecernos y manejarnos a su antojo. ¡Que desaparezcan de nuestras vidas todos ellos! ¡Ni un solo voto del pueblo! ¡Esa es la justicia que debemos esperar! ¡La que los españoles ejerzan con toda su inteligencia y saber!


¡Despierta España! 

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