lunes, 20 de junio de 2016

FRANCIA, ¿EL ÚLTIMO BASTIÓN?


Aunque los medios de comunicación tienen instrucciones muy claras de cuál ha de ser el tratamiento a las informaciones sobre la lucha que los trabajadores franceses están llevando a cabo, tenemos otros medios a través de los cuales nos enteramos de esa realidad, de ese pulso que están llevando a cabo contra el sistema corporativo mundial. Y es para descubrirse ante tanta valentía.

Asistimos a un cambio, en todos los aspectos, de lo que las leyes han estado legislando hasta ahora. Estas leyes están siendo cambiadas en beneficio de la productividad y de las transnacionales corporaciones. El mundo se ha hecho mucho más pequeño y la globalidad creada ha sido solo para la economía de unos pocos. Así, el ser humano deja de tener consideración alguna –con lo que costó ganarlo- y ha pasado a ser un mero instrumento más de este sistema depredador y que, por donde pasa, no crece hierba alguna.

Primero, las corporaciones financieras y empresariales arrebataron a los Estados todas sus empresas nacionales a cambio de un precio pactado, anunciando “el pan para hoy el hambre para el mañana”. Segundo, trasladaron sus producciones a lugares más rentables económicamente y menos restrictivos con los sistemas de producción, ya en el aspecto laboral, ya en el medioambiental. Y tercero, modificaron y modifican aquellas leyes del viejo sistema europeo que velaba por el asalariado a cambio de mayores beneficios, para adaptarlo a esa globalidad que ellos controlan en exclusividad. No lo olvidemos, los Estados ya no tienen ninguna capacidad de intervención ni en sus propias economías, pues las posibles herramientas –empresas estratégicas- fueron liquidadas y están en posesión de la “Gran Corporación”. Además, nos obligaron a ceder las soberanías nacionales para su exclusivo beneficio porque, al fin y el cabo, quienes toman las decisiones importantes, en esos nuevos centros de soberanía multinacional, son nombrados por las propias corporaciones. A los Estados se les ha adjudicado el papel de modificar las leyes que ellos les dicten; controlar y repeler policial e incluso militarmente a las poblaciones que intenten reivindicar sus derechos; recaudar los impuestos que son aumentados exponencialmente para pagar las deudas que nos generan y atender las ilimitadas exigencias de los dueños de esas corporaciones para que sus balances aumenten año tras año. Todo en beneficio exclusivo de sus propios intereses oligárquicos, no en el de los ciudadanos. Cortar y recortar las inversiones en todo aquello que beneficie a la clase trabajadora y sus familias y, por ende, beneficiar a los intereses corporativos.

Un panorama que ya tenemos –en España somos muy adelantados- encima de nuestras cabezas. Europa cuenta ya con más de 150 millones de parados y la pobreza aumenta de forma desorbitada y la explotación laboral casi ya roza al medievo.

Una de sus últimas ideas –de esas corporaciones- es anular el dinero físicamente. Ya hay algún que otro país donde no pagan en metálico. Lo van a imponer más pronto que tarde, con las consecuencias que ello conllevará. No lo hacen para que usted pueda disponer de cuanto necesite sin atender a si tiene o no tiene saldo. Lo hacen para ejercer todo su poder sobre todos nosotros, porque usted no tendrá posibilidad alguna y ellos tendrán todo su control sobre su economía particular y le harán chantaje y lo esclavizarán aún más. No lo hacen para evitar los paraísos fiscales, ni el contrabando de armas, ni la trata de blancas y la prostitución, ni el tráfico de drogas. Ellos tendrán el control absoluto de la tecla “Intro” del ordenador central. No lo hacen para ellos, lo hacen para manejarte a ti. Todo quedará bajo su más absoluto control y ellos, arbitrariamente, decidirán lo que les plazca hacer. Y el Estado les ayudará y te perseguirá y te hundirá en la miseria.

Han acelerado la implementación de nuevos sistemas productivos sin resolver la problemática social que conlleva inevitablemente. Les importa más bien nada lo que les pueda ocurrir a miles de millones de seres humanos. Y, quizás, una de sus razones sea esta, ¡Somos tantos, que les sobramos! Y ahora, con los avances telemáticos y el mundo de la robótica, no te digo.

No se han dedicado a poner en valor los grandes avances técnicos como la energía abundante, libre, gratis y sin contaminar. No se han dedicado a buscar los equilibrios medioambientales y hacer llegar a todos los rincones del globo los beneficios de un mundo más humano y más habitable –que sitio aún queda-. Solo procuran guerras, genocidios y exterminios de lo que no les conviene a sus intereses cortoplacistas en sus balances. Les sobramos.

Son tiempos muy difíciles, complicados, donde la conjugación de todos los parámetros tendría que tenerse en cuenta y no solo una parte de ellos. Implicaría generosidad y bien poco saben de esto quienes manejan de verdad este cotarro. O más bien, eso que están haciendo que olvidemos: “La redistribución de la riqueza” ¡Si, si, en eso están pensando! ¡Qué ilusos somos! Si queremos esa redistribución de la riqueza, porque todos somos creadores de la misma, no será porque nos la van a dar sin más, hay que pelearla y lucharla sin  cuartel.

Así que los franceses tienen una ardua tarea y su coraje y decisión no tienen por qué disminuir. Al fin y al cabo, fueron ellos los que inventaron y, tan acertadamente, dieron uso a la guillotina. Y quizás, no estaría de más llevar también el miedo a aquellos que tan rápido nos lo han impuesto y por ser los más pusilánimes y lacayos. Que vuelvan a ser los franceses los que nos enseñen el camino no sería más que repetir la Historia. ¡Aprendamos! Tenemos la oportunidad de votar el próximo día 26, ¡piénselo bien y no tire su voto a la cloaca!


¡Vivan los franceses, viva Francia!

viernes, 22 de abril de 2016

DIVIDE Y VENCERÁS - MÁRGENES ROTOS

Que se sepa. Los márgenes están rotos. Tras más de ocho años de la última crisis económica, laboral, social y humana, y no bastando con el derroche a espuertas realizado en obras a sabiendas de su inutilidad colectiva y con el único objetivo de llenar los bolsillos de unos pocos; a sabiendas de todo el despilfarro llevado a cabo en todos los rincones de este desgraciado País; a propósito de expoliar y expoliar como si el mundo se fuera a acabar y, como poniéndole el broche de oro a dantesco panorama, lo que estamos conociendo sobre Andorra, Suiza, Panamá y tantos otros lugares (aún por descubrir) donde durante años se fueron ocultando las fortunas de la codicia y de la usura, hemos de reconocer que cualquier margen tolerable ha sido superado. Y no solo aquí.

De tal forma, que no debemos de llevarnos las manos a la cabeza cuando veamos que el contenido de esos márgenes se desborda sin control alguno y que, como ocurre con los castillos de naipes, nada quedará en píe.  

El sufrimiento, la angustia y tanto suicidio provocado en plebeyos, lacayos y sirvientes, no pueden quedar sin justicia. Y hablo de la justicia natural, no de la artificial que siempre está al servicio de todos aquellos que la pueden pagar, y ellos pueden. Así que estén tranquilos todos aquellos que tan bien velaban por lo que consideraban y consideran que son sus dineros. Nada les pasará ni nada tendrán que devolver. El sistema es garante con todos ellos y primero habrá que demostrar la ilegalidad y eso no es siempre fácil cuando los resquicios de todos los reglamentos son tantos. Y que pasen diez o quince años de procesos son una garantía más para su impunidad. Pregunten a Fabra, que, tras catorce meses ya solo irá a la cárcel a dormir, si le ha compensado tanto premio de la lotería. Así, esa justicia natural, aquí como allí, no tendrá más remedio que imponerse. Nuestra incapacidad, propia o inducida, en reconducir tanto mal provocado a tantos, no será óbice para que sea implantada. No habrá excusa alguna y nuestro mundo sufrirá tanto desmán y desatino por la insistencia de ir en contra de todos sus preceptos naturales. Son estos, y no los nacidos en esos parlamentos artificiales, los únicos que debiéramos haber seguido en nuestra conducta y actitud.

Ya no quedan palabras y las fuerzas de sus significados se han diluido de tanto repetirlas. Este País, esta sociedad mundial se han convertido en un zombi más, que deambula sin horizonte ni luz alguna que la ilumine. Cegados ante el sufrimiento que nosotros mismos imponemos a los demás. Miles, centenares de miles que huyen de las guerras que les provocamos y los abandonamos a su suerte y desdicha. Asistimos al nuevo espectáculo, perplejos y cómplices del mismo. Siempre fue así.

Este País, esta Nación de Naciones, y como todas las demás de este pequeño mundo, han sido engañadas durante los milenios que han sido y siempre por los mismos. Y de tanto engaño surgió la ignorancia y el conformismo con la propia y ajena miseria social, económica y espiritual. Reduciendo a la mayor de las mediocridades todo intento de lucha por la verdadera libertad, por la verdadera fraternidad y por la verdadera igualdad de todos los seres humanos que la han conformado y conforman.

Nos han mantenido desiguales y divididos, sustraídos a toda verdad natural y revolucionaria y, por ello, sumidos en lo más profundo de un pozo de aguas sucias del que jamás nos dejarán salir. Un planeta de entre miles de millones, con todo lo necesario para una vida digna para todos sin excepción. Y, sin embargo, su especie inteligente y suprema, lleva guerreando entre ella miles de años para conseguir riquezas efímeras que nadie ha conseguido llevarse más allá de su tumba. Una Humanidad de demonios y de monstruos, un mundo fallido. Los demás, como un hámster dando vueltas y más vueltas a la misma rueda que no deja de girar porque él mismo es quien la impulsa sin tomar conciencia de ello.

Siempre son las mismas retóricas, los mismos cánticos que nos adormecen siempre a los mismos, las mismas reglas y normativas que nos impiden cualquier movimiento de liberación y que tanto defienden a esa clase de engendros que se creen iluminados por un dios falso y creado por y para su conveniencia e interés. Crear A y crear B para distraernos en una lucha infructuosa y sin sentido de la que C siempre sale victorioso. Derechas e izquierdas; arriba y abajo; norte y sur; católico o protestante; judío o musulmán; capitalista o comunista; blanco o negro; del Madrid o del Barcelona; dios o el demonio; dulce o salado… Una antiquísima estrategia en la que C maneja los hilos a su antojo, mientras nuestra inconsciencia y desconocimiento se convierten en su gran aliado y cómplice para esta vida única que se nos da.  Divide y vencerás.

El objetivo de C sigue siendo el mismo desde hace miles de años:


¡Que se jodan con su ignorancia y mediocridad!

lunes, 11 de abril de 2016

POBRES, LOS GORRIONES

Hasta este pequeño pajarito está dando muestras de cómo está la cosa en este perdido mundo. Su número está disminuyendo. Ya ven, el gorrión, ese pequeño pajarito, tan fuerte y que tan bien supo adaptarse a todos los climas y a todas las latitudes (Como nosotros), también está sufriendo las consecuencias de este preámbulo a la mayor de las  incertidumbres y locuras en las que nos encontramos todas las especies ya sean éstas acuáticas, terrestres o áreas.

De ese preámbulo somos nosotros, la especie más inteligente, los autores, que no quepa duda alguna. Hasta aquí hemos sido los publicistas de este prólogo que vaticina el peor de los desenlaces para esta tragedia en que hemos convertido LA VIDA. A cada efecto le corresponde una causa anterior y es por ello, por los efectos presentes que estamos viendo y sufriendo, que sabemos de las causas  que fueron y de las nuevos efectos inducidos que nos han de venir y siempre dirigidos por unos pocos locos. No es nada difícil y necesitado de sesudos análisis ni conjeturas, es, tan solo aplicar el sentido común.

Por cierto, en ese pino donde mi calle termina, los gorriones están alborotados y sus piares no cesan. Será cosa de esta primavera y de este excelente día de primeros de abril. La brisa se oye al rozar las hojas de los árboles y, de repente, surge  sobre sus cánticos, majestuoso y potente, el trino de un mirlo negro y brillante que parece avergonzar a esos pobres gorriones pues, al poco, acallan todos sus estridentes piares. No ha habido que pagar entrada para disfrutar de esos minutos de vida, cosa que agradezco a unos y al otro, porque en esta vida que nos ha tocado todo ha de pagarse, todo tiene un precio y si no pagas, mueres. Y si no trabajas, no cobras y si no cobras, mueres. Todo ello se fue construyendo en nombre de un dios porque, no habiendo justificación natural alguna, el hombre acudió a él para justificar lo injustificable y frenar así toda disputa de los sensatos.

Estarán contentos esos dioses con tanto como se ha hecho en su nombre. Y eso, lógicamente, si existe algo parecido a ese concepto de dios que nos fueron inoculando siglo tras siglo y que, de haberlo, nada tendrá que ver con la realidad que se esconde más allá de este cielo que hoy es tan azul, tan claro y tan inmensamente bello y que otros tanto se molestan en hacerlo oscuro y opaco. Porque, estoy seguro, nos habría ido mejor a todos de no contar con esa figura tan divina y nefasta. Nos habríamos preocupado más de lo que nos rodea y, no conociendo de todas esas parafernalias y cuentos chinos, nos habríamos preocupado más de nosotros mismos y de cuanto con nosotros forma parte de este planeta. Nadie hubiera podido utilizar ese falso “salva conducto divino” para cometer los mayores crímenes contra esta única y bellísima NATURALEZA y contra nosotros mismos. Porque no otra cosa hemos estado haciendo desde nuestros principios más lejanos: Jodernos los unos a los otros. Eso es lo único que sabemos hacer bien, pues nos lo enseñan desde niños. Y esa jodienda está alcanzando unos niveles tales que se están tornando insoportables e intolerables para la inmensa mayoría y, como ésta no cuenta, los pocos que son arquitectos de esta mal lograda civilización, procederán, directa o indirectamente, al mayor de los genocidios. Les sobramos y nos achucharán aún más entre nosotros para que les hagamos el trabajo sucio de nuestro propio exterminio. Están trabajando en ello a destajo. Así que el fin de las  especies no se quedará limitado a aquellas que consideramos inferiores –gravísimo error esta consideración hacia quienes han contribuido con su existencia a que este mundo sea lo que aún es- si no que nos alcanzará a todos, a ellos también aunque crean que no. Tal es la degeneración a la que hemos llegado que, al igual que en las últimas grandes civilizaciones de nuestra historia, nuestro fin se acerca de forma inexorable. El equilibrio ya fue roto y solo nos quedan los bandazos a diestro y siniestro antes de la inexorable caída.

Mires hacia donde mires solo ves engaño, fraude y una insoportable manipulación de todo lo cierto. Te roban hasta lo que no tienes: tu futuro y el de tus hijos. Nos han robado todo y como no les queda nada más que robarnos, nos borraran de la existencia. Así de simple. Una vez más, esa silenciosa y laboriosa Naturaleza será la encargada de poner cada cosa y cada especie en el lugar que le corresponde. Hasta ahora así ha sido y lo seguirá siendo mientras el planeta que nos acoge siga dando vueltas. Una especie, la nuestra, con una inteligencia superior es incapaz de respetar la vida tal y como se le entrega, rompe todas las reglas que la hacen posible y, por lógica, termina por sucumbir a su propia destrucción. Otra vez más.

Los cimientos sobre los cuales pivotan todos nuestros anhelos y buenos deseos están putrefactos. Demasiada maldad. Las estructuras que compartimentan nuestras vidas no dejan resquicio ni a la verdad ni a la libertad, nos mantienen presos e impotentes, totalmente condicionados a unos parámetros inamovibles y estancos. Ya no queda aire ni para respirar. Los techos de toda esta deplorable, penosa y triste arquitectura oprimen en tal extremo que todo se limita a una mera supervivencia, a un sálvese quien pueda y caiga quien caiga.

Me resta una pregunta:
¿Dónde están aquellos dioses buenos que salven a los gorriones?

No hay otra, solo ellos pueden ser nuestra última esperanza. Es lo que hay.

sábado, 20 de febrero de 2016

PORQUE ME ASISTE TODA LA LEGITIMIDAD Y LA NECESIDAD DE DESENMASCAR IMPOSTORES

Hacía tiempo, quizá demasiado, que no escuchaba música como la que escucho ahora: gregoriana y en latín, como Dios manda. Reconforta. Y espero me ayude a deciros cosas que he tenido que reservar muy a mi pesar y que ahora no tiene más sentido seguir ocultando, visto lo visto del proceder de algunas y algunos.

Entended todo cuanto os diga como constructivo, que no otra cosa me asiste. No hay ni revancha ni rencor, solo dolor, desengaño y verdad, para que aquellos que mantienen sus ojos cerrados los abran y vean; y, para aquellos que solo han prestado oídos a una parte, sepan que siempre es bueno contrastar. Dudo que solo unas páginas puedan contar todo, así, si el ánimo me lo pide, os continuaré contando, que para mucho hay y dispongo de tiempo. Os ruego, previamente, disculpas por ello.

Aquellos que me conocéis sabéis de lo ocurrido y los que no, os diré que he sido cesado en mi trabajo. Para obtenerlo no tuve que hacer oposición alguna, entiendo que fue como reconocimiento al trabajado realizado durante varios años; infinidad de artículos y encuentros con compañeros, conocidos y amigos. Buscar a las personas adecuadas para revertir un proceso que duraba 20 años en los que unos señores de un partido político contrario habían convertido un término municipal en su cortijo y feudo para el propio interés y el de sus amiguetes. Se sumaron más compañeros a la causa y una fémina dio pasos para convertirse en la líder de esa transformación, primero en el cambio de la dirección de nuestro partido y, más tarde, en lo que fuera menester. Hubo que convencer a muchos de su idoneidad y aquí he de hacer un acto de contrición y con el gregoriano de fondo que me acompaña, entonar un “Mea culpa” y pedir disculpas a cuantos pude hacer variar en sus criterios y opiniones iniciales. Me equivoqué, fue un espejismo, y donde quisimos ver un líder, no lo había. La persona en la que depositamos nuestra confianza nos engañó, y el tiempo está demostrando que ni está preparada ni sus cualidades son las más adecuadas para dignificar la política. A mí también me alcanzó su embaucamiento, recuerdo que en más de una ocasión me dijo “Que no me quedara con su lado malo”. Por eso, más de una vez, comprendí y perdoné sus salidas de tono y contradicciones, ¡Qué iba a hacer! Quizá mi situación actual no sea más que el pago de ese error que, por otro lado, asumo con toda humildad. En mi vida siempre he procurado no poner en juego ni mi dignidad ni mi credibilidad y siempre he luchado por cumplir con unos principios básicos de moralidad y ética,  mucha decencia en mis acciones para que, jamás, pudieran perjudicar a aquellos que no lo merecieran. También por eso, quizás, en estos días he tenido tantas muestras de cariño y aliento de aquellos que bien me conocen y que tanto agradezco y tanto me reconfortan y reafirman en mi proceder.

Nunca he sido desleal a mi partido, tampoco he cuestionado la autoridad de sus líderes, pero en este caso, he de decir que estamos ante un fraude, una estafa a las ideas socialistas, os lo puedo asegurar. Hay quien se  sirve de ellas para el engaño, la treta y la artimaña propias de una mente maquiavélica, movida únicamente por desmesuradas ambiciones personales de poder y grandeza. Y digo maquiavélica por no deciros enferma. Los que sepáis leer entre líneas coincidiréis conmigo en el diagnóstico, es certero, desgraciadamente.

Son tantos los atributos negativos como la prepotencia exhibida ante aquellos que no elevamos la voz ni montamos escándalos, ni tergiversamos el orden de las cosas, ni llenamos a nadie –que no lo merezca y en su ausencia- con falsas injurias y oscuras intenciones. Recurrir a esto para ocultar las propias incapacidades dice poco de la catadura moral y ética de quien lo practica.

Gracias a los síntomas que toda enfermedad conlleva, entendemos qué se está incubando o qué mal anida en nuestro organismo. Ver fantasmas y misterios donde nunca los hubo es el reflejo de miedos y temores a ser descubiertos. Contradecir es cavar tu tumba y yo la cavé, porque no tuve miedo en decirlo y hacerlo cuando fue necesario –siempre con buena intención y en lo que yo creía era mi deber- Nunca he sido plañidero ni palmero de nadie, como mucho he guardado silencio, mientras otros, cobardemente, reían gracias y obedecían sin rechistar, no fuera a ser que perdieran el favor. Complejos escondidos; mucha sinvergonzonería y mucho engaño definen un carácter y son sus fieles aliados. Lo triste es que hay personas que no hablan, GRITAN, para procurar de antemano, el apabullamiento o aplacamiento del receptor. No tienen sosiego alguno, no lo quieren, no le fuesen a salir los fantasmas de su guarida. No comen, ni duermen, chatear es una obsesión y las redes su refugio para ocultar una hiperactividad desenfrenada e innecesaria, que imposibilita el buen hacer. Siempre en vela. Chantajeando, amedrentando, el tiempo necesario hasta conseguir su objetivo, suponga lo que suponga a los demás, nada  importa más allá de su personal objetivo, que no es otro que el de ellos mismos como centro de toda acción. Mala gente. Muy mala gente y más en política.

Estos, estas, son las que hacen de la política lo más abyecto y, por ello, vil y despreciable. Y aquellos que tanto les vitorean no hacen favor alguno sino todo lo contrario. Estoy convencido que aquel montaje de acercamiento a las fuerzas progresistas de la izquierda de quien presume de ejercer la nueva política no fue más que una cortina de humo para llegar a quien hoy es la máxima persona de su confianza, nueva política con viejos vicios. Intentando la usurpación de cargos que todavía no tocan, prisas y carreras para todo, aún a costa de destrozar la vida y el ánimo de quienes generosamente hemos ofrecido lo mejor de nosotros mismos. ¡Esos aires de grandeza!, esas decepciones de quien menos lo esperaba y consideraba amigos y personas íntegras. ¡Cuán bajo se puede llegar! Algunos practicando la traición con aquellos que le siguieron, con la pérdida total de la credibilidad política que aún quedaba.

Me he permitido ir un poco más lejos. Como la Historia de nuestra Humanidad es tan rica, encontramos en ella ejemplos para centrarnos en algunos predominantes síntomas que hoy nos ocupan y viene al caso el mito de Narciso:

 “El mito de Narciso es el amor a la imagen de sí mismo. El narcisismo es el amor que dirige el sujeto a sí mismo tomado como objeto.” (Si alguien se considera un objeto, qué respeto puede tener hacia los demás, incluidas aquellas personas que lo único que han pretendido es ayudar. Siempre perfectas y muy bien conjuntadas, tratamientos con oro incluido, manicuras y pedicuras, peluquerías a doquier, vestidos y zapatos… ¡Viva la juerga! Y que paguen los cartageneros –a través del sueldo público- y el complemento perfecto: “Dónde está el coche oficial, ese no, el otro, el bueno”. Toda una imagen artificial de una estética forzada que tan solo pretende posicionarse por encima del resto, además de la falta de respeto y consideración con toda ostentación de aquello que aún no corresponde).

“Como una forma patológica extrema en algunos desórdenes de la personalidad en los que el paciente sobrestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación” (Hay quienes se disfrazaron en la pasada cabalgata de Reyes –donde buscando la excusa de una carroza para que desfilaran niños y niñas con discapacidad, hicieron uso de un aforo para catorce niños donde sólo salieron dos o tres discapacitados. El resto, el personaje en todo lo alto rodeada de los hijos de allegados y amigos más fieles- Una idea que pudiera ser positiva convertida, una vez más, en autobombo y autopropaganda con una arrogancia más que despreciable. ¡Qué vergüenza!).

“Estos desórdenes pueden presentarse en un grado tal, que se ve severamente comprometida la habilidad de la persona para vivir una vida feliz o buena, al manifestarse dichos rasgos en la forma de egoísmo agudo y desconsideración hacia las necesidades y sentimientos ajenos” Abuso indiscriminado de la disposición total del personal a las horas y días más intempestivas –imposibilitando la conciliación laboral y familiar y de descanso que tan necesarios son y de los que se alardea solo de boquilla- Recuerdo dos ocasiones en las que los trabajadores –que no compañeros- éramos recriminados sobre cuándo pensábamos llegar  al puesto de trabajo, era festivo) Otro desatino en la larga lista. Jamás una conversación sosegada y calmada es posible con estos enfermos, las rehúyen. No quieren ser descubiertos en sus infinitas carencias. Necesitan del jaleo, de broncas y conflictos para que su hiperactividad se refuerce y retroalimente. Todo ha de estar bajo su más estricto control e intentar, con ello, disipar sus propias inseguridades que, por otro lado, no hace más que trasladar a los demás, creando en ellos todos los desconciertos posibles. Es difícil, casi imposible trabajar así. Nadie quiere tenerlos cerca y les huyen, solo lo justo. ¡Aviso a navegantes! Carencias que van desde el desconocimiento de la más básica cultura, nada más allá del trapicheo político.  Ya me dirán qué se puede esperar de tal engendro.

“La psicología humanista considera que el narcisismo patológico coincide con una autoestima baja o errónea”.
En el mito del joven Narciso todo es producto de una alteración subjetiva y mental del propio sujeto y de su enfermedad  pues se enamoró insaciablemente de su propia imagen reflejada en el agua. (Esa agua, hoy son las redes sociales, una verdadera obsesión compulsiva de colgar fotos y fotos –la mayoría prescindibles e intrascendentes- para mayor glorificación de ese NPD (Trastorno narcisista de la personalidad) Y en todas las fotos sonrisas, muchas sonrisas que parecen implantes quirúrgicos. Nada es natural, solo un producto de un laboratorio mediocre. Una exacerbada exaltación de su persona, de una patología sin tratar. De una vida sin vivir, que pretende trasladar al resto, arruinando también las suyas.

Así que amigos, muchas veces es mejor ir a un buen especialista médico que meterse a hacer política y recurrir a la humildad de lo que realmente se es. Menos sinvergonzonería, engaño, soberbia, prepotencia, teatro y apariencia porque, con el paso del tiempo, iremos viendo en qué queda la cosa. Y me temo que no será para bueno…

Yo no quiero que gentes así, sin categoría humana alguna y con patologías graves, tengan la capacidad de dirigir la política de ciudadanos normales, sanos e inocentes. Y mucho menos desde el partido en el que milito más de 30 años y que representa las ideas en las que he creído, creo y seguiré creyendo.

Advertidos quedan y aquellos que quieran ver y entender, vean y entiendan.


domingo, 20 de septiembre de 2015

UN POCO DE SENTIDO COMÚN Y DE COHERENCIA

Decía Buda que el conflicto no es entre el bien y el mal, sino entre el conocimiento y la ignorancia.

Partiendo de tal premisa, hemos de convenir que hoy somos más ignorantes que nunca y prueba de ello es la situación descontrolada y sin rumbo alguno de este mundo. Si tuviéramos algo de ese conocimiento no sucederían las cosas que suceden y sobre todo aquellas que van en contra, no solo ya de nosotros mismos, sino de las que destruyen cuanto nos rodea y que pertenecen más a eso que llamamos Naturaleza y que es, no lo olvidemos, la base de cuanto existe en este privilegiado orbe que nos fue dado. Solo la ignorancia es capaz de jugar con la viabilidad o no de este mundo llamado tierra y de cuanto lo compone.

Aplicando tan solo un poco de conocimiento, apartados de ese mal uso que hacemos de las redes y de la infinidad de distracciones que nos inoculan y que tan absortos nos tienen de todo lo real, llegaríamos a entender que, si tras 35 años de políticas neoconservadoras y neoliberales hemos llegado a la peor situación posible en este globo, se hace necesario otro cambio y este ha de ser en una dirección totalmente contraria y que ya fue practicada tras la II Guerra Mundial y hasta 1980 y que, por cierto, fueron décadas de prosperidad compartida entre todos. Que no hay nada nuevo bajo este sol que tan generosamente se porta con nosotros. Y no es otra cosa que recomponer la socialdemocracia, su conocimiento y su espíritu.

Jeremy Corbyn, líder del partido laborista, ya ha apuntado cual debería ser el inicio de ese cambio: Si la salida propugnada hace 35 años fue la privatización de la economía y la liberalización de las finanzas, hoy, la solución pasa por revertir todo eso que nos ha situado a día de hoy en el borde del abismo en el que estamos. Es lo más coherente y sensato.

Renacionalizar aquellas empresas que sean consideradas estratégicas para el Estado, sus ciudadanos y sus empresas y una eficaz regulación, tanto de los mercados, como de las finanzas. Romper con todo lo que huela a corrupción, monopolios y oligarquías. Hay que decir alto y de forma contundente que ¡Basta de mentiras y engaños!

Si un Estado no es el árbitro en el terreno de juego, ¿Para qué nos sirve? Y si un Estado no legisla en beneficio de todos sus ciudadanos, ¿Para qué lo queremos? El que una empresa sea capaz –ya veríamos cómo lo consigue- de tener un poder superior al del propio Estado no es admisible en una democracia. La empresa, una empresa, no ha de ser el fin sino el medio para garantizar los recursos –incluidos los salariales- que hagan que la ciudadanía pueda disfrutar y vivir en paz y tranquilidad su corta vida. Sentirse orgullosos del esfuerzo que se hace y compartir entre todos,  pues no ha de ser otra la cuestión.

Subvertir, sustituir los roles que la ciudadanía ha otorgado en favor de su Estado por otros privatizados es poner en manos ajenas toda la riqueza y todo el bagaje de una Nación. Así los intereses dejan de ser nacionales, de todos, para pasar a ser los intereses de tan solo unos pocos. Acabar con la infame letanía de que lo privado es mejor que lo público. Estamos sufriendo las consecuencias de tal infamia y a las puertas nos anuncian la llegada de un nuevo tratado llamado ITTP que es a Europa lo que el estoque al toro.

Que un señor gane 40.000€ diarios –cuando hay gente sufriendo la falta de lo más elemental- es un verdadero insulto a la inteligencia, además, de inadmisible. Es un vil atentado a la Democracia Social. Sencillamente porque no es justo. Y este malversado sistema lo ha hecho posible con todos los subterfugios necesarios y sin dar jamás la cara.

No cabe otra que cambiar este malévolo sistema que unos pocos han sabido instaurar con el desconocimiento -las más de las veces a través del engaño y de la mentira- de la mayoría. El que quiera el poder de la ciudadanía que lo obtenga en las urnas y no gracias a lobbies y oscuras e inconfesables componendas tras el escenario que, por otro lado, se están cargando.

Comparto lo dicho por Corbyn, es lo más sensato y es una alternativa al caos al que nos han conducido. Y aquellos que intentan guardar la ropa y nadar, déjense de experimentos buscando tan solo la flotabilidad y apliquen más valor a sus ideas y mójense. Recuperen sus discursos y pongan los intereses ciudadanos por encima de economías especulativas y de las estafadoras finanzas.

Esta Europa, este pretendido Estado Europeo, ya no hace aguas, se está hundiendo en la miseria. Así que o los socialdemócratas se aplican en defender todo aquello de lo que no tenían que haberse apartado, o, simplemente, nos vamos todos a hundir en un naufragio anunciado y que, por otra parte, es fácilmente reversible si se aplica tan solo el sentido común. Actúen, rompan con esta cadena de esclavitud, eleven sus voces como Corbyn y legislen en favor de la ciudadanía, no en su contra. Reviertan cuanto ha sido expoliado y robado. Permitan la puesta en marcha de aquellos logros técnicos que, esos pocos sinvergüenzas, no dejan que vean la luz, sencillamente porque no les conviene a sus intereses oligárquicos.

Utilicen todos los mecanismos de los que disponen, deroguen leyes, abolan cuanto vaya en contra de la redistribución social y limiten por arriba lo que siempre fue impuesto a los de abajo. Un reloj de un millón de euros es un atentado a los principios básicos de la vida, va contra ella misma, va contra la esencia de nuestro universo. Mejor darle un millón de cocotazos bien dados, a ver si así entienden lo que es importante, lo que es necesario de lo que no. Que es un verdadero sarcasmo utilizar una vida tan corta y única para tener un reloj de un millón de euros, o un cuadro colgado de una pared de cuarenta.


Impidan que esta sin razón consumista del usar y tirar termine con hacer fracasar el proyecto Humano. Únanse pues esas voluntades y háganlo, hagámoslo rápido, que el tiempo juega en contra y, eso sí, todos sabemos que es implacable.

miércoles, 5 de agosto de 2015

TREINTA Y CINCO AÑOS DEL NUEVO CAPITALISMO SALVAJE Y DE LO QUE SE NOS VIENE ENCIMA

Los neoliberales y neoconservadores se hicieron con el poder económico y financiero a partir de la década de los ochenta. De la noche a la mañana derribaron el muro de Berlín y comenzaron a globalizar este pequeño mundo. Una de sus misiones fue despojar a los tradicionales Estados de su riqueza y de sus empresas públicas, con el consabido eslogan de que lo privado es más barato y más rentable. Despojar a esos grandes Estados de su capacidad de interacción en la economía y despojarles de su soberanía tan solo les supuso unos pocos años y era el primer paso para desmantelar términos como “Estado de Derecho”, “Cohesión Social”, "Estado del Bienestar" y con ellos, llegar al fin de la “Democracia”.

Tras una treintena larga de años, esos Estados-Naciones ya no tienen otra cosa que deudas colosales que jamás podrán ser pagadas y que mantendrán a generaciones enteras subyugados a su pago. Estos pueblos aún soportan estos últimos ocho años de crisis planificada, impuesta y obligada con una resignación digna de la mayor de las alabanzas. Pero ellos, los fieles a esa nueva realidad del mercadeo como medio y fin, continúan exigiendo más ajustes porque exigen que las deudas, por ellos creadas e impuestas, les tienen que ser devueltas. Y continúan las pérdidas de prestaciones públicas, las subidas de impuestos, las bajadas de salarios, las pensiones ridículas e insuficientes y la pobreza que nos mira de frente y desafiante.

Jamás en la Historia sufrió tanto este mundo. La globalización no acercó a los pueblos sino que los expolió aún más. África se desangra en cruzar la frontera que la separa de una Europa en retroceso y bancarrota. Asia, convertida en la fábrica fácil del mundo, no soporta ya los costes medioambientales provocados ni tiene compradores para su enorme producción. América del Sur chantajeada por las oligarquías de siempre que les impiden cualquier despegue. El Oriente Próximo desangrándose en guerras obligadas donde vender el armamento que otros fabrican.

Tras esos treinta años, ese neoliberalismo ha demostrado cuáles fueron y son sus planes: saquear al mundo, destrozarlo, hacerlo inviable. Convertirlo en una pocilga global que terminará por estallar con tanto metano suelto.

De nada sirvieron las conferencias internacionales, ni las Naciones Unidas, ni los G-8, ni los 10, ni las ONGs, ni la madre que los parió a todos.

Lo inmediato, es que nuestros hijos no tendrán trabajo. No serán necesarios para producir lo preciso para todos. Dicen que el 50% de los puestos actuales desaparecerán.

Nos venden un mundo transhumano, un mundo donde la tecnología ya no será proveedora de mano de obra sino todo lo contrario. Habrá más desempleo, mayores desigualdades sociales, mayores cotas de pobreza en este desolado mundo. En algunas películas lo anuncian y nos quedamos tan felices e impasibles. No tenemos ni idea de lo que nos tienen preparado. Algunos piensan que esa nueva tecnología les hará eternos y que podrán vivir para siempre, gracias a su infinito dinero. Lo que les pase a los demás o este planeta les importa bien poco, antes cumplir su sueño de ser inmortales. Y eso aunque sea encerrados en “Guetos Súper VIP”. ¡Mala pinta tiene este futuro, si el chip no lo cambiamos!

Pensaran así aquellos que creen que la Humanidad son ellos y sus ayudantes. No son conscientes de que ellos no son depositarios de absolutamente nada, si exceptuamos el dineral que nos han estado robando gracias a sus ingenierías financieras y estafadoras donde las haya. Están enfermos.

Para paliar los efectos, ensayan con rentas básicas con las que contener el desánimo social y su natural y lógica rebeldía. Pero no podrá ser suficiente. Habrá algo más escondido en la recámara de esta arma de destrucción masiva en la que estamos, si no tomamos conciencia de la situación.

Esa tecnología es inadecuada con el sistema que la ha creado. Por eso hay que cambiar ese sistema. No conoce de barreras y es accesible a todos y además no se le puede poner precio. Y eso les jode. Porque en su maniqueísmo ideológico “todo ha de tener un precio que alguien ha de pagar, le cueste lo que le cueste”. Y no tiene por qué ser así. Ese paradigma debe ser resuelto y no ha de ser difícil. Es cuestión de generosidad y de alguna virtud más, de esas de las que nos hemos ido olvidando. Y también de un cambio mental que rompa con milenios de esclavitud y servilismo.


Si el salto tecnológico se ha producido, debiera ocasionar el salto cultural correspondiente que haga posible la conjugación. Nuestros más inmediatos antecesores trabajaron muchas más horas de las que hoy empleamos para hacer lo mismo. Bajamos, en pocas décadas, de 16 a 8 horas y podemos, debemos, seguir bajando hasta las justas que sean necesarias. Que el axioma este del trabajo como el instrumento a través del cual se obtienen los derechos, ha de cambiar. Si el salto tecnológico está aquí, pongámoslo al servicio de todos los seres humanos y que éstos lo disfruten como mejor les parezca. Una Humanidad liberada del trabajo como esclavitud, es una nueva concepción, como dejar de pensar que la Tierra es plana. Es un salto que se produjo gracias a la tecnología. Hoy, esa tecnología puede procurarnos ese otro gran salto evolutivo. Siempre y cuando los banqueros sean puestos a buen recaudo, ¡Claro está!  

domingo, 19 de julio de 2015

LOS "SINTOMAS" Y EL BICHITO


Es curioso que esta palabra provenga del griego porque, en el caso que nos ocupa, nadie como los griegos, nadie, sabe más sobre la enfermedad que les está atacando, por lo menos dentro de este club europeo que pensábamos estaría a salvo de sus ataques e infecciones. O igual sí, porque anda que no hay ejemplos en este desgraciado y empobrecido mundo, endeudado como está más arriba de  las cejas.

El virus, cual humor maligno, que le está infectando no necesita de grandes complejidades en sus estructuras, es simple. Posee una herramienta letal per se y da igual quien parezca que la tenga, él controla sus flujos y reflujos y no la mera apariencia. Lo llamamos dinero.

El sistema donde anida el virus no posee ninguna estructura que le provea de inmunología. Nadie, hasta ahora, procuró la vacuna contra su propio mal. Porque, para ellos, los que idearon la enfermedad, lo importante no es la salvación  del organismo, éste tan solo es un medio más, el principal. No olvidemos que el objetivo es la creación de la riqueza y de la abundancia, pero solo para unos cuantos elegidos por los designios de los peores dioses. Y en ello y para ello, se aplican.

Creced y multiplicaos nos dijeron hace tiempo. Pero se olvidaron de los condicionantes que nos serían impuestos, aunque fueran contrarios al bienestar social, cultural y económico de la inmensa mayoría. Los griegos, por ejemplo, ya han dejado eso de la procreación a un lado porque traer a otro ser superior con cargas económicas y fiscales a ese suelo infectado, no tiene mucho sentido ni coherencia alguna. Un bebe griego nacerá hipotecado para toda su vida, mucho más que todos los demás nacionales de esta Europa sin norte y con más de 200 millones de pobres extremos. Y, al hilo, ¿Qué ocurriría con la deuda griega, si, de la noche a la mañana, desaparecieran todos los griegos? Lo más seguro es que el virus migrara esa deuda a otros organismos, necesita mantenerse vivo y cuerpos que lo alimenten, aunque extenúen. Así es el sistema vírico  que nos ocupa y que más parece una sanguijuela insaciable.

Ese sistema vírico no es bueno para para el ser humano, no es bueno para la Humanidad, es suicida por sí mismo y nos mantiene presos. A pesar de ello, nadie lo cambia, nadie lo combate y, quizás por eso, se hace cada vez más fuerte. Nadie tiene el poder suficiente para hacerlo. El virus es el puto amo. O te conviertes en un fiel servidor, o pereces. Aunque, da igual, porque, de una forma u otra, pereces, y, paradójicamente, ellos también. Solo unos poquitos sobreviven a la infección utilizando los propios mecanismos de los que se vale el bichito, incluidos juramentos y sacrificios sacramentales y que, de seguro, comenten el mayor de los sacrilegios. ¡Allá ellos y lo que hagan con su espíritu y con esta humanidad de la que se creen los dueños y señores!

La cuestión griega puede ser el principio de un trágico final. Si la solución es más de lo mismo, solo es cuestión de tiempo hasta que la última gota rebose el contenido del vaso de la paciencia. Quizás esto es lo que el bichito busque porque, después de todo, él siempre gana. E incluso puede ser que el final escrito del acto sea ese, el culmen, la apoteosis, la detonación de la tragedia y que ya, no solo será griega. Las soluciones no pueden provenir de quien mantiene vivo al bichito, ni de él mismo. Han de ser otras y distintas. Solo así esta vieja Humanidad podrá dar el paso que le falta para alcanzar las metas con las siempre ha soñado. Hemos de liberarnos del chantaje al que nos tienen sometidos y que la verdadera justicia impere de una vez.

No nos olvidemos, la infección está en el mundo entero. Un virus suelto, alentado y justificado por aquellos que debieran combatirlo, se hace más fuerte por momentos y su usura es insaciable. Si en la balanza no hay el contrapeso correspondiente, ésta tiende al desequilibrio y cae irremediablemente. ¿De qué sirven los estantes repletos si no hay dinero con el que comprarlos? ¿De qué sirven los estantes vacíos si hay dinero con el que comprarlos?

No vamos por buen camino. El presente y el futuro de cualquier pueblo no pueden estar sujetos a los intereses particulares de unos pocos y más cuando los intereses de quienes gobiernan, bien dando la cara o tras las bambalinas, no son los intereses de la gente. No todo es una cuestión mercantilista, ni ésta ha de ser el centro de ninguna política cuando sus fines no son los de procurar el bienestar de todos los seres humanos hechos a imagen y semejanza de sus creadores. Porque dudo mucho que éstos, nuestros creadores, se manejen bajo las premisas economicistas en las que estamos nosotros anclados, ni cuenten con la interesada obsolescencia programada.
Sencillamente es imposible imaginar que lleven cartera con billetes, monedas o tarjetas en esas naves. Es absurdo.


Tan absurdo como seguir como estamos, sin darle a esto una vuelta y descubrir otras posibilidades y realidades más favorables a nuestra evolución como seres superiores que somos en verdad y rompamos con tanta mediocridad y complacencia obligadas y cómodas de unos para otros.