miércoles, 10 de febrero de 2010

EL MERCADO

Cuando vamos a comprar solemos hacerlo en los lugares que conocemos con anterioridad. Yo, por ejemplo, compro la carne, que hemos de comer en casa, en un establecimiento que me da garantía de su calidad y de su precio. Si alguna vez me dieran algo que no fuera de mi gusto, lo diría con total confianza. Si el hecho volviera a repetirse no iría más y buscaría otro establecimiento. Esto es lo que se llama mercado. Alguien ofrece una mercancía y alguien la compra. La consume y cuando necesita más vuelve. Existen otros mercados, lo que conocemos como “Los Mercados Internacionales”, “Las Bolsas de Valores”. Aquí no se compran bienes de utilidad física, no se compra comida, ni ropa, ni productos de limpieza, ni siquiera cuchillas para afeitar. Aquí se realizan transacciones financieras, compra y venta de acciones u obligaciones, bonos, títulos, etc. Aquí es donde se hace la economía ficticio-real; es como jugar al monopoly. Es la ESPECULACIÓN con mayúsculas. Todos los Estados la permiten desde su creación en 1460 en Amberes. Se compra y vende DINERO.

En el Diálogo en los infiernos, “Montesquieu preguntaba a Maquiavelo: ¿Cómo son los préstamos?” Y éste último respondía: “Por la emisión de obligaciones, que implica para el Gobierno la obligación de pagar intereses proporcionales al capital que ha pagado. Así, si un préstamo es del 5%, el Estado, después de 20 años, ha pagado una suma igual al capital prestado. A los 40 años ha pagado el doble, y el triple después de 60 años; sin embargo, sigue siendo deudor de todo el capital.” (Por eso los países del tercer mundo nunca podrán salir a flote, los intereses se los comen).

Una Entidad se hace con el dinero de los ciudadanos, por ejemplo, de sus planes de pensiones privados. Y con él, compra acciones o productos de otras empresas que las venden y con los que espera ganar dinero. Al ciudadano no le explican muy bien la letra pequeña y al cabo de 30 años, el ciudadano se jubila y quiere su dinero. Todo cuanto le dijeron 30 años atrás no fue cierto, ha perdido un montón del dinero que le prometieron. Alguien durante estos años sí se ha enriquecido con ese dinero. Le diría el empleado del banco: “Es que se ha perdido en la bolsa, bajó la bolsa y claro comprenderá usted que nosotros, pues ya ve, que tenga usted estos tres euros y vaya con Dios, ¡ah! y no se olvide de pagar los impuestos que durante estos años el Estado le ha estado desgravando”.

Ya sabe, apreciado lector, que en 2007 estalló una colosal burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. Los americanos, que son muy listos, vendieron a otros esas hipotecas sin garantías de cobro. En España también teníamos nuestra burbuja inmobiliaria provocada por el gobierno de Aznar (la construcción se convirtió en la primera empresa nacional. España va bien.) A diferencia de los americanos, no somos tan listos, nosotros no le vendíamos las hipotecas a nadie. Nosotros pedíamos el dinero que no teníamos a otros, para sustentar la especulativa compra de suelos y la edificación de casas a precios astronómicos. Muchos se llenaron los bolsillos con el dinero de los bancos y de los ciudadanos, ciudadanos empeñados de por vida, ciudadanos sin casa al subirles los intereses bancarios. Pequeñas y medianas empresas sin poder cobrar su trabajo. Y poco después la recesión, el desempleo de millones de ciudadanos. Ya conocen por donde va la cosa de la crisis. (Igual es usted otro afectado como yo).

España al igual que otros países tuvo que pagar, con nuestro dinero, el desaguisado financiero. Pero los Mercados creen, ahora, que España no podrá pagar la factura de esta deuda que ellos provocaron. Por eso, en los últimos días nuestra bolsa de Madrid, la del Ibex, cae y cae, están haciendo sangre de la sangre para obtener mayores beneficios. Nos exigen reformas laborales y salariales. ¡Es patético! El sistema financiero, el mercadeo financiero quiere que le demos más y más dinero. Es lo único que les interesa.

Si la solución pasa por que el Banco Central Europeo compre las deudas de países como España que lo haga ya. Que corte de raíz a esta banda de especuladores. Y si no, que España enseñe a los demás lo que han de hacer, nacionalizando la bolsa y el sistema financiero español. Ante un ataque de tal calibre y de tal catadura, la respuesta ha de ser contundente y firme. Nacionalicemos. Los intereses de esos especuladores no son los nuestros. Y Europa lo ha de tener claro. Europa parece no darse cuenta de las verdaderas intenciones de estos movimientos especulativos.

Apartemos a los ingleses de nuestro mercado, no han querido unirse a nuestra moneda, sí a nuestras mercancías y subvenciones. Son los mismos anglosajones, éstos que aquellos, los de las barras y las estrellas y sirven a esos intereses y no a los europeos. Quieren hundir nuestra economía europea, al euro como moneda. Quizás ya no seamos de su interés y éste se esté trasladando a otras zonas del Oriente. Es allí adonde se fue el dinero y van tras él.

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