miércoles, 26 de marzo de 2014

LOS MUERTOS TAMBIÉN LLAMAN POR TELÉFONO

Escuché los relatos de unos invitados en un programa de televisión que comentaban haber recibido llamadas de teléfono de seres queridos que, o bien, habían fallecido tiempo atrás, o bien lo habían hecho en las horas anteriores a la llamada. Coincidían en que las cortas llamadas decían: “Que ya he llegado” y que se “encontraba bien”. Estos invitados eran personas jóvenes y formadas intelectualmente y ratificaban y reafirmaban que aquella voz, en cuestión, pertenecía a su ser querido. Las grabaciones no dejaban lugar a duda alguna. Y nos confirman que, tras la muerte, se va a algún lugar.

Ante estas afirmaciones de personas normales se puede mantener una postura escéptica, indiferente e incluso, como la madre de alguno de ellos, de terror, y que rápidamente borró la grabación porque aquello, sencillamente, era del todo imposible y la paz y tranquilidad de su persona estaban por encima.

En la época en que las comunicaciones han llegado a un rapidísimo desarrollo yo no veo ningún disparate en aceptar esta posibilidad de recibir llamadas telefónicas de nuestros muertos. Cuando, a los pocos días de producirse el evento -20/07/69- le dije a mi abuelo que el hombre había pisado la Luna (O eso contaron) y un poco más y me mata. A un hombre, nacido a finales del siglo XIX, determinadas cosas eran imposibles. Será que nuestro conocimiento aún no ha llegado a ese nivel de apertura mental, porque, como estamos pendientes de llegar a fin de mes y de encontrar trabajo, pues los esfuerzos se van en las cosas del día a día de la subsistencia, que así nos quieren los que mandan. Entretenidos y ajenos a la verdad de las cosas.

Esto es lo que a lo largo de los siglos hemos venido haciendo: Ignorar todo aquello que no sea inteligible a nuestro entendimiento. Pero, ¿Zanjamos con semejante postura la cuestión o, simplemente, la postergamos? Son como las asignaturas pendientes que la Humanidad sigue sin aprobar curso, tras curso, siglo tras siglo, milenio tras milenio. No nos dejan que sepamos la verdad, quizás, porque pondríamos en juego sus privilegios y privatizadas fortunas y a nosotros, incluso, nos viene bien la placidez y la tranquilidad que la ignorancia procura.

Hace unos días el físico John G. Cramer, de la universidad de Washington, ha publicado la reproducción del sonido de la gran explosión (Bing-Bang). Ese sonido es de algo más tarde a esa explosión (760.000 años después), pues en el principio todo es silencio, ya que no hay espacio a través del cual se propague el sonido. Así, el universo lo podemos considerar como la mayor caja de resonancia imaginable.

Las ondas están todas contenidas en sus recipientes y, según parece, no se destruyen, siempre están ahí. Los que se dedican al estudio de lo oculto han realizado grabaciones –psicofonías- de seres inmateriales, de espíritus que aún vagan por determinados edificios antiguos abandonados o, incluso, por pueblos enteros.

Usted me preguntará qué tiene esto que ver con el inicio de este artículo. Creo que mucho, porque, al fin y al cabo, esas llamadas y grabaciones de seres ya muertos son también ondas. Pero, ¿Cómo es posible que un muerto pueda realizar una llamada telefónica?

No cabe otra que adentrarse en lo que aún nos es inteligible y realizar lo que conocemos como especulación. O no tanta, porque contamos con la información de textos milenarios que nos hablan de cosas que son incomprensibles, pero que fueron y son, aunque no alcancemos a entender.

No olvidemos que, tanto el sonido como la luz son formas de energía que se propagan gracias a las ondas. En mi ignorancia de la física, me atrevo a decir que, de estas formas de energía, la luz es la más poderosa. Llamamos luz a la parte de la radiación electromagnética que puede ser percibida por el ojo humano (Nuestros ojos no son capaces de ver todos los tipos de luz existentes, en ese sentido somos más bien unos perfectos invidentes. Los prismáticos de infrarrojos están prohibidos al público en general y no para que podamos ver la interioridades de los cuerpos femeninos –como justificaron- sino para que no veamos la verdad de lo que ocurre en nuestro alrededor) La luz viaja a mayor velocidad que el sonido (1.200 km/hora de este, frente a los 300.000 km/segundo de aquella y genera calor. La luz es capaz de propagarse en el vacío mientras que el sonido, como ya hemos visto, no. Así entendemos todas las referencias a la adoración a la luz que todas las religiones y creencias han hecho desde el comienzo de nuestra existencia.

En el capítulo XXIX del Evangelio de Valentino (Apócrifos, según el catolicismo) se cuenta lo siguiente:
Pregunta María Magdalena a Jesús: ¿Cómo son los veinticuatro invisibles? ¿Y cómo son sus regiones, y de qué especie son, o de qué género es su luz?
Jesús le responde: - ¿Qué hay parecido en este mundo a ellos? ¿A qué los compararé y qué es lo que de ellos podré deciros? Nada en este mundo les es comparable, nada que se les pueda asimilar. Porque nada hay en este mundo que sea de la especie de las cosas del cielo. En verdad os digo que cada invisible es mayor que el cielo y que la esfera que está bajo él. Porque nada hay en este mundo más deslumbrante que la luz del sol. Pero, en verdad, os lo digo: Los veinticuatro invisibles tienen una luz diez mil veces más brillante que la del sol de este mundo. Y la luz del gran antepasado invisible es diez mil veces más brillante que la luz que os he dicho que tienen los veinticuatro invisibles.
Más esperad un poco y os conduciré a ti y los discípulos, tus hermanos, a todos los lugares de las regiones superiores. Y entonces veréis en la realidad esas formas que no tienen parangón. Y cuando os haya conducido a las regiones superiores, veréis la gloria de los que pertenecen a las regiones superiores. Y sentiréis una admiración extrema y, cuando os lleve a la región de los archones de la Heimarmene, veréis la gloria en que están. Y miraréis al mundo que está ante vosotros como la oscuridad de la oscuridad.
Y cuando miréis al mundo que habita el género humano, os parecerá un grano de polvo, por la gran distancia que os separará de él…
Porque no hay medio de explicar en este mundo cómo son las cosas de que os hablo.
María Magdalena dice: - Señor, no te incomodes contra mí, si yo quiero averiguarlo todo con interés y con celo. Porque es con el fin de que mis hermanos lo anuncien a la raza de los hombres. Y para que los hombres, oyéndolos y creyéndolos, se salven de los rigurosos tormentos que les harían sufrir los malvados archones
…María pregunta: ¿cuánto es más grande el segundo antepasado que el primero? ¿Qué distancia los separa y cuánto es más grande su luz?
Jesús le responde: En verdad, en verdad, os digo que el segundo antepasado está alejado del primero una distancia tal que ninguna medida puede expresarla. Ni según la altura y profundidad, ni según lo ancho y lo largo. Y está alejado a una distancia inmensa, que ninguna medida puede expresar, de los ángeles, los arcángeles y los dioses. Y la superioridad de su luz es tal que ninguna cifra puede computarla…

Si después de leer este texto escrito hace miles de años, aún le queda alguna duda de cómo un muerto es capaz de hacer una llamada telefónica, no se moleste. No busque en su interior, siga viendo el partido o prepárese para salir en la procesión y, si no, pues siga con las cervecitas. Y que le aproveche.

Es de nuestra ignorancia de la que se aprovechan y, como es mucha, encima van y nos meten todo el miedo posible.  Es lucifer,  y sus demonios que le sirven, quienes nos gobiernan en este mundo. Para eso tienen las religiones, el sistema del dinero fraccionario, la deuda, privatizado todo aquello que es fundamental para la vida, incluida el agua, y las armas con las que nos matan cuando quieren.

Algunos dicen que, a partir de abril, puede que empiecen a cambiar las cosas. Falta que nos hace, porque esta cuerda de la esclavitud y de la ignorancia, a la que nos tienen atados, ya no da para más. O se rompe o nos liberan, no hay otra.

Este atento al teléfono por si alguno de sus muertos hace el esfuerzo de llamar y le cuenta cómo va a terminar esto, porque ya sabe que aquí los medios de comunicación cuentan lo que los demonios quieren que nos cuenten y, eso, la mayoría de las veces, nada tiene que ver con la verdad.


¡Salud!

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