martes, 6 de marzo de 2012

MIEDO O LIBERTAD

“La religión ha convencido a la gente de que hay un hombre invisible, que vive en el cielo, quien observa todo lo que haces, cada instante de cada día. Y ese hombre invisible tiene una lista especial de diez cosas que no quiere que hagas. Y si haces alguna de estas diez cosas, tiene un sitio especial lleno de fuego y humo, y personas que se queman, lleno de tortura y angustia, donde te enviará para que vivas y sufras y te quemes y te ahogues y grites y llores ¡por siempre y para siempre hasta el final de los tiempos!
¡Pero, te ama!”

EL MIEDO, esa percepción sobre el peligro que nos acecha, es la herramienta más barata de la que se han servido “los valientes” para ejercer su dominación sobre nosotros. Si en tiempos primitivos el miedo estaba bien identificado, hoy está más ampliado y difuso. Ahora tenemos más miedos que en nuestros orígenes. “Los valientes” nos han ido modificando y creando nuevos miedos a sus antojos e intereses. Contradicción donde las haya porque es ahora cuando menos miedos debiéramos tener. Pero no es así.

EL MIEDO, es la cadena que nos pusieron desde pequeños. ¡No hagas eso! ¡Te va a castigar Dios! Tienes que ser bueno gracias al miedo. ¿Se puede ser bueno por el miedo? ¿O simplemente pasamos a ser mansos? La iglesia católica es una experta en esto de meter miedo a la gente. Lo lleva haciendo más de 2000 años y le va muy bien. El Chantaje forma parte del miedo. Los púlpitos y los medios de comunicación se encargan de que las dosis de miedo se mantengan muy altas. EL MIEDO mueve al mundo, más que nunca. Y las policías de negro, enfundadas en sus amenazantes trajes te arrían los golpes que ni tu padre te dio. Ellos “mantienen el orden” a través de la amenaza y el miedo. Es un círculo cerrado donde el miedo domina cada uno de sus puntos.

Sin embargo hay miedos que no puedes tener, has de disimularlos para que nadie los perciba. Tu presente y futuro, sin trabajo y sin los recursos, no es suficiente para provocarte el miedo de tu indigencia. La percepción de que tu país esté en la ruina no ha de provocarte miedo alguno, como tampoco que tus hijos alcancen madurez alguna. Dentro del círculo del miedo, no eres más que una marioneta y como tal has de comportarte, como el manso indolente y obediente que eres gracias a Dios.  

Sólo “los valientes” no tienen miedo. Porque son “ellos” los que nos crean el miedo que a “ellos” conviene. “Ellos” tienen el poder, tienen el dinero y la maldad suficiente para infligirte el miedo que sea necesario para que aceptes su deseo y voluntad.

EL MIEDO a lo imaginario o a lo desconocido. Lo que se desconoce es origen intencionado de “los valientes”, para “ellos” tu ignorancia es tu miedo y además te hacen creer en lo imaginario que “ellos” inducen. Nos tienen puesta la espada de Damocles sobre nuestras cabezas, cuando debiera estar sobre las “suyas”; “ellos” son los auténticos culpables de que este mundo sea la pena y el desastre que es.

EL MIEDO y LA LIBERTAD son incompatibles. O se tiene uno u otra. Y, siendo conscientes de que no somos libres, concluiremos que tenemos miedo. Durante toda nuestra existencia hemos tenido miedo, los propios de nuestra débil naturaleza y los ajenos que nos inyectaron e inyectan y que hacen de nuestra memoria colectiva toda una mentira y por lo tanto del todo insustancial e irrelevante.

Por eso sería tan importante que siguiéramos luchando por nuestra LIBERTAD. En estos tiempos que corren parece, incluso, que hayamos perdido hasta las ganas de ser libres. A tanto ha llegado su miedo en nosotros. Liberarnos de las doctrinas que nos amansan con miedos insertados en todo cuanto nos hacen ver u oir. Liberarnos de doctrinas financieras que nos esclavizan a unas monedas falsas. Liberarnos de doctrinas educativas que nos prefieren en la ignorancia de lo auténtico. Liberarnos de doctrinas transmitidas de generación en generación que les hace mantener su poder en la sombra. Liberarnos de tanta mezquindad y de esta doctrina que nos mantiene la pobreza para la mayoría y, sólo para unos cuantos, la riqueza. Liberarnos de tanto slogan repetido hasta la saciedad con el único fin de hacerlo cierto. De tanta hipocresía y falsedad gobernando el mundo.

En las tribus del Amazonas, en su lenguaje, no existe la palabra trabajo. Para ellos ese concepto queda englobado en la palabra vivir. A nosotros se nos contó como algo separado y como producto del pecado, pero intrínsecamente y sutilmente entrelazado. ¡Ahí empezó nuestra manipulación! ¡Como sois unos viles pecadores tenéis que trabajar para poder vivir!. ¿Vivir para trabajar? ¿Trabajar para vivir? ¿No fueron o son pecadores también esos indígenas? ¿No son también hijos de Dios? ¿O es que se quedaron fuera de una “educación” interesada y alienante? A partir de este concepto infame, nuestra vida se convirtió sólo en trabajar para que “los valientes” vivan. Cruda realidad. La esclavitud estaba servida.

Los avances logrados por nuestro trabajo y esfuerzo, por “cumplimiento de nuestra pena capital”, ¿nos ha supuesto algún tipo de liberación? Las máquinas que nos han relevado de los esfuerzos ¿han servido para liberarnos o por el contrario nos han esclavizado aún más? ¿Somos desechados por el sistema, como sí fuéramos escoria inservible, aquellos que sobran? ¿Hemos hecho un mundo más armónico? ¿Hemos hecho un mundo más habitable y bello? ¿Hemos respetado el ORDEN NATURAL de las cosas? ¿Qué hemos hecho? ¿Qué hemos permitido?

EL MIEDO nos ha conducido a esto. A un mundo caótico, donde el ser humano ha dejado de serlo. Nuestra cobardía es cómplice de nuestra realidad. Los demás somos nosotros mismos, no son nuestros enemigos, son nuestros hermanos. Debemos aprender a colaborar y no a competir, que eso sólo les beneficia a “los valientes” 

Por eso pido que nos dejemos los miedos a un lado y afrontemos con valentía la transformación de este mundo en el paraíso que siempre tuvo que ser y no lo mantengamos más en la cárcel que es para la mayoría mansa y adormecida que somos.

¡DESPERTEMOS! ¡SEAMOS, TODOS, LOS VALIENTES!

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