jueves, 26 de abril de 2012

UN MILLÓN


Se calcula en un millón de ancianos los estafados por las preferentes. Por muchas vueltas que le den los especuladores de traje y corbata, el resumen de tales suscripciones, no es más que una estafa. A estos viejos españoles les han sustraído unos 30.000 millones de euros. Todos sus ahorros, los de toda una vida. La confianza es mala consejera cuando se trata de bancos o cajas de ahorro. Me pongo en la carne del empleado bancario que aprovechándose de la misma y del desconocimiento por no comunicado (quién de esos ancianos hubiera estampado su firma si se les hubiese dicho que no podrían disponer de su dinero hasta el año 2500) y se me retuercen las tripas. ¡Sinvergüenzas! ¡Cómplices necesarios para la comisión del crimen! ¿Suscribieron, ellos, a sus padres o abuelos en tales bicocas?

¿Alguien del Estado les defiende? ¡No!, todo es legal, es la lícita ingeniería financiera. ¿Qué sociedad es esta donde lo criminal se confunde con lo legal? ¿A qué estado de depravación y pillaje hemos llegado? Son sólo un millón de ciudadanos y que con su pan se lo coman, dirán los respetables y adustos consejeros de administración (de fabulosas remuneraciones y jubilaciones) de las entidades satánicas. ¿Para qué nos sirve el Estado? ¿A quiénes sirve el Estado?

Una anciana desahuciada por haber avalado la casa de un hijo (qué no hace una madre por sus hijos), que perdería su puesto de trabajo contra su voluntad, va y se encadena en una sucursal bancaria como único recurso para comunicar a los demás ciudadanos tanta tropelía. Dos horas tardan los efectivos de la seguridad del Estado en desencadenarla, que queda feo, ahí, justo en la entrada de ese local de especuladores financieros, donde todo el mundo la ve. La poderosa entidad denuncia, hay juicio. No ha habido riesgo a la integridad de los ejemplares y dignos empleados, pero “encadenarse ante la puerta del templo de la usura” es intolerable y además puede espantar a los incautos ciudadanos que nos traen su dinero para nuestros negocios y enjuagues. Una multa de 20 euros y las costas que de seguro serán de algunos cientos. ¡Bendita celeridad en resolver tan escabroso e indigno hecho! ¡Que se sepa quién manda aquí! Mientras el o la Gürtell lleva años y años y los que aún quedan. Al final nadie será condenado, ni tan siquiera a las costas.

A ese Estado, que le importa un bledo su ciudadanía, dirigido por la derecha más retrograda e insultante lo están militarizando. Las reformas que pretenden salvarnos del déficit van a acabar con la casi democracia que teníamos. Ese Estado que pretendía ser de Derecho, lo van a transformar en un Estado sin Derechos. O, más claro, sin derechos a la ciudadanía: Los ciudadanos están para pagar lo que nosotros díganos y punto. Los ciudadanos están para guardar silencio y punto. Los ciudadanos están para sufrir la pobreza y punto. Los ciudadanos están para servirnos a nosotros y punto. Los ciudadanos no tienen ningún derecho y punto. Los ciudadanos son ovejitas y nosotros los putos lobos del bosque. Y las ovejitas no necesitan de estudio alguno y si alguna insiste que lo pague si puede. Al igual si se ponen enfermas, que paguen, que paguen si pueden y si no, para hacer el Soylent Green. Y a esos que se atrevieron a venir a trabajar, la mayoría de las veces jugándose su vida, y ahora no laboran, ni cotizan; si enferman que se busquen la vida que nuestros centros de salud y hospitales ya no son para ellos.

El pulso se está dando. Vienen jornadas importantes para la defensa de nuestra democracia y de nuestros derechos. Las ovejitas tienen la palabra y han de demostrar lo que realmente están dispuestos a luchar. Los lobos ya sabemos lo que quieren: volver a la vida del cortijo y a la de los vales para el economato.

Nuestro presidente del gobierno más inepto y despiadado que España ha tenido en estos años de falsa democracia,  y nada más saberse elegido dijo: “Nadie tiene que sentir inquietud alguna” ¡Menos mal! Jamás nadie mintió tanto incluso a quienes palurda y cándidamente le dieron su confianza.

Quizás, y sea una posibilidad, más pronto que tarde tengan que presentar su dimisión todos los que son. Por embusteros, por hipócritas, por ineptos, por clasistas, por prepotentes, por su servidumbre a una política económica que nos conduce al abismo, por carecer de las soluciones que prometieron tener…

Ganaría el Estado, ganaríamos las ovejitas, ganaríamos los ciudadanos libres y honrados que no hemos provocado esta crisis.

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