martes, 19 de junio de 2012

A ESPAÑA LE ESTÁN DANDO EL PUYAZO


Por estos inútiles señoritos del Partido Popular. En sólo seis meses han dado tantas y tantas cuchilladas a este desgraciado País que, hoy, ya se encuentra moribundo. Mentiras sobre mentiras, ineptitudes, cobardías, traiciones a sus votantes, engaño tras engaño. No han sido capaces de dar ni una sola puntada en blanco. Son ineptos y prepotentes. Nunca tuvieron credibilidad alguna y ya han perdido hasta la vergüenza. Les importa tres rábanos que España se hunda en la miseria, ellos siguen apuñalando.

Dentro aún es posible que quede algún tonto rematao que los defienda, pero, fuera de nuestra tierra, se descojonan de tan ilustres e iluminados personajes del siglo XVIII. INEPTOS, es lo que son, unos ineptos redomaos.

No les cansaré con los datos que ahí están, en la realidad del día a día a punto de explotar. Exceptuando las alabanzas hipócritas de sus palmeros mediáticos que esperan el premio a su ceguera y los dineros que llegan para mantenerlos.

Desconozco el pecado cometido por esta vieja España para tamaña penitencia. Pero siendo la reserva espiritual de occidente y pagando lo que les pagamos, no lo consigo entender. Será que tanta misa nunca han servido para nada. Será que la redención no nos viene por ahí.

Así que nos toca despertar a tanto engaño o nos van a dejar con lo puesto y en la puerta.

La petición de dimisión de este gobierno y de todos los gobiernos autonómicos ha de oírse en La Aconcagua. La situación de España no es difícil, es trágica. La corrupción abarca a todos los estamentos de la Administración del Estado (desde la casa real hasta el ayuntamiento más pequeño), al sistema financiero y bancario, al empresarial y al religioso. Un Estado sustentado en la corrupción, es un Estado muerto. Y si el Estado está muerto, el Estado no tiene ni las fuerzas, ni las garantías, ni las legitimidades necesarias para su curación.

Es necesario otro Estado. O somos capaces de entender la necesidad de ello o nos vamos por la alcantarilla donde van los desechos que nadie quiere. El Estado ha de ser debidamente limpiado de tanta inmundicia y de tanta depravación. El Estado ha de ser curado de la peste que lo mantiene corroído. Ha de volver a ser digno.

Es necesaria e inmediata una revolución de los administrados, porque, si somos nosotros los que mantenemos a ese corroído Estado, ¿qué leches estamos haciendo cuando permitimos el apuñalamiento de nuestras estructuras sociales, económicas, empresariales, políticas y judiciales? De no haber respuesta, consentiremos a los navajazos, a nuestro asesinato como País. Ya está agonizando, apenas respira, sólo sollozos en el eco del vacío.

¿Hay alguien ahí? ¿Queda alguien?

¡Lástima de País! ¡Lástima de ciudadanos! Todos corren hacia la alcantarilla, convencidos, sumisos y con lo puesto. Sin catarsis alguna.

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